el plan de Hamás para lograr la «gran victoria» y acabar con el Estado judío

La ciudad de Jerusalén, capital de Israel, ha sido siempre objeto de miradas por parte de los islamistas de Hamás. Más aún tras el ataque sorpresa lanzado por la milicia el pasado sábado que ha reavivado el conflicto histórico con Palestina, latente desde hace más de siete décadas, y que sitúa la franja de Gaza como punto clave.

Situada geográficamente en el territorio histórico de Canaan -actual Palestina- entre dos de las grandes civilizaciones que constituyeron la cuna de la humanidad -Egipto y Mesopotamia-, Jerusalén es una las ciudades más antiguas del mundo y es considerada Tierra Santa por partida triple: tres religiones monoteístas –cristianismo, judaísmo e islam– la sitúan en sus relatos como uno de los principales escenarios de su historia. Algo que la ha convertido en importante foco de conflicto territorial. Tanto es así que Hamás se creó en 1987, precisamente, con el objetivo de controlar dicha zona y formar un Estado islámico en la región de Palestina que abarcase los actuales Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza, con capital en Jerusalén.

Durante décadas, Jerusalén ha sido testigo de los ataques de ambos lados, dado que es motivo de reivindicación tanto por el Israel -gestiona el territorio y considera la ciudad su capital- como por Palestina -que también ha proclamado Jerusalén Este u Oriental como su capital-.

Jerusalén Este o Jerusalén Oriental quedó bajo control de Jordania tras la Primera Guerra Árabe-Israelí de 1948, el primero de una serie de conflictos armados que han enfrentado al Estado de Israel con sus vecinos árabes (Egipto, Arabia Saudí, Iraq, Siria, Yemen, Jordania y Líbano). Guerra de Independencia para los israelíes y Guerra Santa por Palestina para los árabes, tuvo lugar el mismo día en que se declaró la independencia del Estado de Israel (14 de mayo) una vez la administración británica abandonó el territorio.

Pero Israel conquistó Cisjordania y Jerusalén Este en 1967 tras la Guerra de los Seis Días para porsteriormente, anexionársela de manera unilateral e ilegal -internacionalmente reconocido como tal por según Naciones Unidas- en 1980 y desde entonces aplica en ella su propia legislación.

De este modo, la situación jurídica internacional de Jerusalén se encuentra en ‘stand by’ a la espera de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, que ven este territorio con suma importancia debido a la presencia de lugares de culto clave tanto para judíos como para musulmanes. Ejemplo de ello es la mezquita de al Aqsa, tercer lugar más sagrado para los creyentes de Alá sólo por detrás de La Meca y Medina. De igual modo, en la parte occidental de la llamada Explanada de las Mezquitas (para los árabes) o Monte del Templo (para los judíos), también se encuentra el Muro de las Lamentaciones, lugar más sagrado para el judaísmo. Esta última religión lo considera el último reducto del primer templo judío construido por el Rey Salomón hace más de 3.000 años y de un segundo que fue destruido en el año 70 en Roma y el Muro es lo que queda de él.

El Waqf de Jordania

Pero, ¿qué relación guarda la famosa Explanada de las Mezquitas de Jerusalén con la actual guerra Israel-Hamás? Compuesta por la Cúpula de la Roca y la Cúpula de la Ascensión, la otra gran protagonista es la Mezquita de Al-Aqsa.

Construida en el siglo VIII sobre las ruinas del primer templo de Jerusalén, tiene capacidad para albergar hasta 5.000 fieles. Según la tradición, es ellugar en el que Mahoma rezó antes de ascender al cielo y se ha consagrado como uno de los focos históricos de enfrentamiento y tensión dentro del marco más amplio del conflicto palestino-israelí. No sólo eso. También ha dado nombre a la última e inesperada ofensiva de la organización islamista Hamás sobre Israelí: la operación ‘Tormenta de Al-Aqsa’, mediante la cual los islamistas palestinos pretenden lograr «la gran victoria» con la que destruirán de una vez por todas el Estado de Israel.

Como ya sea ha explicado, las autoridades israelíes administran la ciudad de Jerusalén. ¿Y la Explanada? ¿Y la Mezquita? El acuerdo sobre Al-Aqsa (ratificado entre Israel y Jordania en 1994, y entre Jordania y la Autoridad Nacional Palestina en 2013) puso el complejo religioso bajo la protección y gestión del Waqf, una especie de órgano independiente que actúa bajo la custodia directa del Reino Hachemita de Jordania. Los judíos pueden visitar la Explanada, pero tienen prohibido rezar en su interior.

Al-Aqsa se ha convertido en una especie de termómetro para medir los distintos grados del conflicto palestino-israelí en cada momento. El 8 de octubre de 1990, tres años después de inicio de la Primera Intifada (1987), un grupo ultrarreligioso judío amenazó con colocar la primera piedra de un nuevo templo. La revuelta se saldó con una veintena de de palestinos muertos a razí de la actuación policial.

En el año 2000, Ariel Sharon, líder del principal partido de la oposición israelí en ese momento (Likud), visitó un túnel arqueológico bajo la Explanada y junto al Muro. Una visita que derivó en la Segunda Intifada, más conocida como Intifada de Aqsa, que duró un lustro y provocó más de 4.000 víctimas mortales (3.000 palestinas y 1.000 israelíes).


La Policía israelí carga contra los palestinos que habían acudido a celebrar su fiesta a la Explanada de las Mezquirtas (Jerusalén) en 2019


EFE

En abril de este año, cuando coincidieron el mes del Ramadán con el de la Pascua, la Policía israelí allanó la Mezquita y disparó con pelotas de goma hiriendo a más de 150 fieles musulmanes que realizaban la oración de la mañana. Los incidentes se desarrollaron a raíz de que el Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu recibiera informaciones de que extremistas judíos planeaban sacrificar una cabra en el Monte al igual que se hacía en tiempos bíblicos antes de que los romanos destruyeran el templo.

Sin lugar a dudas, los primeros meses de este año ya habían sido los más violentos del conflicto palestino-israelí desde el 2000 antes del estallido de esta última agresión armada. Hasta el 7 de octubre, habían muerto 93 palestinos y árabes-israelíes en incidentes violentos y otras 18 personas del lado israelí. Tras la agresión armada del pasado sábado, ya son más de 3.300 los cadáveres en ambos lados.